“Tu refrigerio soy Yo, mi refrigerio es tu sufrir.”

La Eucaristía y el sufrimiento.

Esta mañana, habiendo recibido la comunión me parecía que el confesor ponía la intención de hacerme sufrir la crucifixión, y al instante he visto al ángel custodio que me extendía sobre la cruz para hacérmela sufrir. Después de esto he visto a mi dulce Jesús que me compadecía toda y me ha dicho: “Tu refrigerio soy Yo, mi refrigerio es tu sufrir.”

Luisa Piccarreta Volumen 03 230

Y mostraba un contento indecible por mi sufrir y por el confesor, porque con la obediencia que me había dado de sufrir le había procurado aquel alivio. Después ha agregado:

“Como el sacramento de la Eucaristía es fruto de la cruz, por eso me siento más dispuesto a concederte el sufrir cuando recibes mi cuerpo, porque viéndote sufrir, me parece que no místicamente, sino realmente continúo en ti mi Pasión en provecho de las almas, y esto es para Mí un gran alivio, porque recojo el verdadero fruto de mi cruz y de la Eucaristía.”

Después de esto ha dicho: “Hasta ahora ha sido la obediencia quien te ha hecho sufrir, ¿quieres tú que me divierta Yo un poco con renovarte de nuevo la crucifixión con mis propias manos?” Y yo, si bien me sentía muy sufriente y aun frescos los dolores de la cruz participados, he dicho: “Señor, estoy en tus manos, haz de mí lo que quieras.” Entonces Jesús todo contento ha comenzado a clavarme de nuevo los calvos en las manos y en los pies, sentía tal intensidad de dolor que yo misma no sé como he quedado viva, sin embargo estaba contenta porque contentaba a Jesús. Después de que remachó los clavos, poniéndose junto a mí empezó a decir:

“¡Cómo eres bella! ¡Pero cuánto más crece tu belleza con tu sufrir! ¡Oh, cómo me eres amada, mis ojos quedan heridos al verte porque descubren en ti mi misma imagen!”

Y decía tantas otras cosas que sería inútil decirlas, primero porque soy mala, y segundo porque no viéndome como el Señor me dice siento una confusión y una vergüenza al decir estas cosas, por eso espero que el Señor me haga verdaderamente buena y bella, y entonces, disminuyendo mi vergüenza podré describirlas, por eso pongo punto.

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