los grandes de la tierra, a quienes llaman felices los mundanos, es tan amargo el solo nombre de la muerte, que ni aun quieren oír hablar de ella

CS 81: LOS BIENES DE ESTE MUNDO SON LA HIERBA DEL CAMPO

El otro tema que les doy es acerca de los bienes de este mundo: Todos los bienes de este mundo son como la hierba del campo que, por la mañana nace y adorna con su verdor la campiña; por la tarde se seca y se le cae la flor y al día siguiente es arrojada al fuego… Cuando Mi Padre mandó a predicar a Isaías, le dijo: “clama”. El Profeta preguntó qué debía clamar y la respuesta fue: “Clama que toda carne es heno y toda su gloria semejante a la flor del prado”.

Cuando los grandes de la tierra estén embelesados en gozar de las riquezas y de los honores adquiridos, vendrá repentinamente la muerte y les dirá: “Dispón de las cosas de tu casa porque vas a morir y estás al final de tu via”. Entonces dirán los desgraciados: adiós mundo, adiós riquezas, adiós esposa y parientes, adiós amigos, banquetes y fiestas, bailes y espectáculos, honores y glorias, todo ha terminado. Y sin remedio quieran o no, todo tienen que abandonarlo.

Así es, hijos míos, a los grandes de la tierra, a quienes llaman felices los mundanos, es tan amargo el solo nombre de la muerte, que ni aun quieren oír hablar de ella, porque están enteramente ocupados en hallar paz en sus bienes terrenos, cuánto más amarga será la muerte misma cuando se les presente en realidad? ¡Ay de aquel que está pegado a los bienes caducos de este mundo! Toda separación causa dolor; por esto, cuando el corazón se separa por medio de la muerte, de aquellos bienes en que el hombre había puesto toda su confianza, debe experimentar un profundo dolor.

Esa es la miseria de los poderosos que viven pegados a las cosas de este mundo. Cuando están próximos a ser llamados al juicio divino, en vez de ocuparse en preparar su alma, se ocupan de pensar en las cosas de la tierra.

Aquellos que han consumido toda su vida y han perdido el sueño, la salud y el alma en acumular bienes y rentas, nada han de llevar consigo después de la muerte. Los desventurados abrirán los ojos y nada verán de cuanto han adquirido a costa de tantos afanes. ¡Cuántos ejemplos ven todos los días en el mundo! Aquel pecador, que antes era despreciado y pobre, pero después se enriqueció y adquirió honores y dignidades, por lo que lo envidiaban todos sus conocidos, muere al fin y todos dicen: Este hizo fortuna pero ha muerto finalmente y todo acabó para él.

Si todo perece, ¿qué motivo tiene el hombre de ensoberbecerse? ¿De qué se ensoberbece el que no es más que tierra y ceniza? Y después de la muerte, ¿de qué les servirán esos honores que ahora los engríen? Vayan a un cementerio en el cual están sepultados ricos y pobres y vean si entre ellos pueden distinguirlos: todos están desnudos y no tienen otra cosa que unos pocos huesos descarnados.

¡Cuánto ayudaría a todos los que viven en medio del mundo, la memoria de la muerte! A ver, si a la vista de tanto cadáver, recuerdan que han de morir y que van a estar un día como están aquellos. Tal vez despierten del sueño mortal al que se hallan entregados.

Pero el mal está en que los hombres mundanos no quieren pensar en la muerte sino cuando llega.

Cada paso que da el hombre, cada vez que respira, se va acercando más a la muerte. Toda la gloria de las fatigas que han sufrido en este mundo para adquirir fama, ¿en qué paran? En que serán arrojados a la tumba que sepultará todo su orgullo y vanidad.

Si el hombre ha vivido distraído y entregado a los negocios del mundo, ¿cuál será su aflicción cuando el temor de la muerte comience a apoderarse de su alma y lo obligue a pensar en la suerte que lo espera?

Entonces desearán otro mes, otra semana más para poder ajustar mejor sus cuentas y tranquilizar su propia conciencia: buscarán la paz y no la encontrarán.

Quien encuentre que ha correspondido a las luces e inspiraciones que recibió, será premiado y el que no, será condenado. Ustedes no se acuerdan de las gracias divinas, pero Me acuerdo de ellas Yo y cuando el pecador las ha despreciado, hasta cierto punto, permito que mueran en su pecado. Y entonces, las fatigas que sufrieron para obtener empleos, riquezas y aplausos en el mundo, se pierden enteramente puesto que solo sirven para la vida eterna, las obras y las tribulaciones sufridas por Mí. El que aborrece o mortifica su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. El verdadero dichoso es aquel que ama a Dios y sabe salvarse.

Algunos padres dicen: yo no me afano tanto por mí, como por mis hijos, a fin de dejarlos bien colocados. Mas Yo les respondo: si ustedes gastaran los bienes que poseen y dejasen sumergidos en la pobreza a sus hijos, obrarían mal y pecarían; pero obran todavía peor, si pierden el alma por dejar a su familia bien colocada. Y si no, díganme: si van al infierno, ¿irán sus hijos a sacarlos de allí? Ya lo dice el Rey David que nunca vio desamparado al justo, ni a sus hijos mendigando el pan.

Atiendan pues Mis cosas, busquen Mi Reino y Su justicia, que Yo no dejaré de proveer a sus hijos de lo que necesiten y ustedes se salvarán y conseguirán aquel tesoro de felicidad eterna que nadie les podrá quitar… Usen de los bienes temporales únicamente para conservar la vida en el breve plazo de tiempo que han de vivir. Mediten sin cesar que están aquí como pasajeros, pero encargados de una comisión muy importante: su salvación y la salvación de sus hermanos.

Si no aciertan en el desempeño de este proyecto, en vano nacieron, trabajaron, en vano lucharon y lo que es peor, en vano fueron redimidos con Mi sangre, puesto que por su descuido se condenarán…

JESUS. PAGINA. WWWW.GRANCRUZADA.ORG

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