LA PROVIDENCIA DE DIOS EN EL GOBIERNO DEL MUNDO.

La providencia de Dios en el gobierno del mundo Estos mundanos son como ciegos a causa de su amor propio, de todo se escandalizan y contra todo se sublevan. Juzgan equivocadamente y consideran sólo que busco causarles la ruina y el daño. No piensan que todo lo que hago es sólo por amor y por su bien, para evitarles las penas eternas, para aumentar su mérito y para darles la vida eterna. ¿Por qué, pues, se quejan de mí? Porque no esperan en mí, sino en sí mismos. Por esto se viven en tinieblas, por falta de conocimiento. Por esto aborrecen lo que tendrían que reverenciar. Como soberbios, se atreven a juzgar mis ocultos juicios, que son todos buenos. Hacen como el ciego, que con el tacto de sus manos quiere juzgar todo según su torpe y limitado saber. Y así estos no quieren atenerse a mí, que soy verdadera luz y el que los nutre espiritual y corporalmente, ya que sin mí nada pueden. Por haber perdido la luz, les parecen buenos los placeres del mundo. No advierten que todos ellos están llenos de muchas espinas, miserias y grandes afanes; tanto, que el corazón que los posee fuera de mí se hace insoportable a sí mismo. Según su deseo y amor desordenado, los placeres les parecen dulces y suaves, y no se dan cuenta que los pecados mortales hacen inmunda al alma, la apartan de mi semejanza y le quitan la vida de la gracia. De modo que si con fe no se purifican en la Sangre, recibirán muerte eterna. El alma que ama su propia sensualidad cae en la fosa, es atada por la culpa y golpeada por sus enemigos. Por la ceguera de su amor propio y por la confianza que pone en sí misma y en su propio saber no acude a mí, que soy su guía y camino. Este camino os fue dado por el Verbo de mi Hijo, que dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Quien va por él no puede ser engañado ni andar en tinieblas. Nadie puede venir a mí sino por Él, porque es una misma cosa conmigo. Ya te dije que de Él había hecho puente para que todos pudierais llegar a vuestro fin, y con todo, no se fían de mí, que no quiero más que su santificación. Cualquier cosa que les ocurra mi amor la permite, mas ellos se escandalizan de mí. Esto lo sufro con paciencia, porque los amé sin ser amado por ellos. Se rebelan y murmuran de mí, metiéndose a escudriñar según su ceguera mis ocultos juicios, todos justos e inspirados en el amor. Porque no se conocen a sí mismos, juzgan falsamente: que quien no se conoce, no me puede conocer ni entender mis juicios. [Santa Catalina está convencida de que Dios es Amor y que nos ama inefablemente. Nada sucede a espaldas de Dios, al margen del Amor. El sabe por qué lo hace… Y es siempre por amor. «Debemos ver y comprender en verdad con la luz de la fe que Dios es suma y eterna Bondad, y no puede querer otra cosa que nuestro bien, porque su voluntad es que seamos santificados en El. Todo lo que El nos da o permite es para este fin. Cristo traspasado, atormentado y afligido por la sed en la cruz nos demuestra que el sumo y Eterno Padre nos ama de modo inestimable…» (Carta 13).]

 

LIBRO. DIALOGOS DE SANTA CATALINA DE SIENA.

PALABRAS DE JESUS.

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