DIME HIJO ERES FELIZ….

I LA IMPORTANCIA DE LA CONSAGRACIÓN

TRES CLASES DE ALMAS

Descansa un poquito, alma cristiana, del tráfago de la vida y escucha las amorosas palabras del Corazón de Jesús, de ese Dios de amor y misericordia que tanto anhela tu bien.
Dime, hijo mío, ¿eres feliz? ¿Estás contento? ¿Tu corazón tiene paz? ¿Goza de aquella tranquilidad en lo hondo parecida a la quietud de la arena que descansa en el fondo de los mares muy profundos?
Tal vez eres de esas almas desgraciadas que lloran por encontrarse caídas a cada paso en la culpa, pero que a manera de palomas que tuviesen las alas apelmazadas de cieno, parece que no pueden acabar de levantarse. Tal vez eres de esas otras que caminan arrastrando por la senda pendiente y estrecha de la virtud con la fría languidez de esa tisis del espíritu que se llama tibieza. Tal vez, en fin, seas de aquellas, ni pecadoras ni tibias, pero en cuya mirada triste se ve retratado el desaliento: almas que, o bien a la manera de águilas, con los vuelos recortados, se pasan toda la vida en lanzarse a los espacios y caer mil veces en tierra desalentadas, o bien, al modo de caminantes que marchasen por un arenal inmenso, se desaniman y hastían de andar y andar tantos años y tan poco adelantar. ¡Cuánta compasión me causan todas estas pobrecitas almas! ¡Y son tantas!

CONSAGRACION AL CORAZON DE JESUS PADRE ALCAÑIZ.

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