EXISTENCIA DEL DEMONIO. CITAS DE LA BIBLIA.

EXISTENCIA DEL DEMONIO

Citas de la Sagrada Escritura
1. Existencia
He visto a Satanás caer del cielo a manera del relámpago. Lc 10, 18.
Vosotros sois hijos del diablo [...]. El fue homicida desde el principio, no permaneció en la verdad. Jn 8, 44.
Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, amarrados con cadenas infernales, los precipitó al abismo donde son atormentados. 2 Pdr 2, 4.
A los ángeles que no conservaron su dignidad, sino que abandonaron su morada, los echó (Dios) en el abismo tenebroso con cadenas eternas. Jud 6.
Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus angeles. Mt 25, 41.

2. Oposición entre Jesús y el diablo.
Jesus fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo [...]. El diablo le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote ante mí me adorares. Respondiole Jesús: Apártate de mí, Satanás. Mt 4, 1-9; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.
El enemigo que sembró la cizaña es el diablo. Mt 13, 39.
Los escribas decían: Está poseído de Belcebú, y así por arte del príncipe de los demonios es como lanza los demonios. Mas les contestaba con estos símiles: ¿Como puede Satanás arrojar al mismo Satanás? Si un reino se divide no puede subsistir: Mc 3, 22-24; Mt 12, 24-32, Lc 11, 15-20.
Curó (Jesús) a muchas personas, afligidas de varias dolencias, y lanzó a muchos demonios, sin permitirles decir que sabían quién era. Mc 1, 34.
Señor, ten compasión de mi hijo, porque es lunático [...] y lo he presentado a tus discípulos y no han podido curarle. Jesús dijo: Traédmelo acá. Y Jesús amenazó al demonio y salió del muchacho, que quedó curado. Mt 17, 14-17; Mc 9, 17-28; Lc 9, 38-44.
Los que creyeren lanzarán los demonios en mi nombre. Mc 16, 17.
Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros por la virtud de tu nombre.
Lc 10, 17.
Un hombre poseído del espíritu inmundo exclamo diciendo: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, oh Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Mt 8, 29; Mc 1, 24; 5, 7; Lc 8, 28.
Ahora “el príncipe de este mundo” va a ser lanzado fuera. Jn 12, 31.
¿Que compañía puede haber entre la luz y las tinieblas? ¿qué concordia entre Cristo y Belial? 2 Cor 6, 14-15.

3. Su actuación sobre el hombre
Sed sobrios y vigilantes: porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. I Pdr 5, 8.
Quisimos pasar a visitaros y en particular yo, Pablo, lo he resuelto varias veces; pero Satanás nos lo ha estropeado [...]. I Tes 2, 18.
Los que contradicen la verdad [...] están enredados en los lazos del diablo, que los tiene presos a su arbitrio. 2 Tim 2, 25-26.
Dijo también el Señor: Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo. Mas yo he rogado por ti. Lc 22, 31 -32.
El que oye la palabra del reino y no para en ella su atención, viene el mal espíritu y le arrebata aquello que se había sembrado en su corazón. Mt 13, 19.
Se me ha dado el estímulo de mi carne, un ángel de Satanás para que me abofetee. 2 Cor 12, 7.
El mismo Satanás se transforma en ángel de luz, así no es mucho que sus ministros se transfiguren en ministros de justicia. 2 Cor 11, 14-15.
Satanás se apodero de Judas, el cual fue a tratar con los príncipes de los sacerdotes: Lc 22, 3-4; Jn 13, 17.
Temo que así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así sean manchados vuestros espíritus. 2 Cor 11, 3.
Revestíos de toda la armadura de Dios, para poder contrarrestar las asechanzas del diablo, pues [...] nuestra pelea es contra los espíritus malignos. Efes 6, 11 – 12.
Si os enojáis, no queráis pecar [...]. No deis lugar al diablo. Efes 4, 26-27.
Estos son espíritus de demonios, que hacen prodigios y van a los reyes de la tierra para coaligarlos en batalla el gran día del Dios todopoderoso. Apoc 16, 14.
Satanás saldrá de su prisión y engañará a las naciones que hay sobre los cuatro ángulos del mundo. Apoc 20, 7.
Quien comete pecado, del diablo es; porque el diablo desde el momento de su caída continua pecando. Por eso vino el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. I Jn 3, 8.
Estad, pues, sujetos a Dios y resistid al diablo y huirá de vosotros. Sant 4, 7.

EWTN Noticias, LIMA, 27 May. 12 Una experta historiadora chilena dio detalles sobre los encuentros que tuvo San Martín de Porres con el demonio a lo largo de su vida, especialmente durante su agonía, y revela cómo el Santo salió victorioso de ellos.

Existencia del demonio.
El demonio existe. Jesús en el Evangelio dice que Satanás es el padre de la mentira y es homicida desde el principio. Y esto no es una forma de decir, porque el diablo es asesino, pero asesino de almas, que es peor que ser asesino de cuerpos, porque él busca matar las almas y llevarlas consigo a su Infierno para torturarlas por siempre jamás y vengarse así de Dios en sus criaturas.
Es necesario que sepamos que este enemigo formidable existe y es terrible, porque de lo contrario no estaremos preparados para la lucha, pues si no se conoce al enemigo con el que se debe luchar, no se emplean las armas adecuadas.
Y el enemigo trata de hacernos caer en pecado, de esa forma es como que nos echa el lazo y tiene poder e influencia sobre nuestras vidas. Por eso lo más importante para vencer al diablo es no pecar nunca, por ningún motivo, en ninguna circunstancia, porque pecando nos hacemos esclavos de Satanás y él tiene poder de influir en nuestras vidas.
Las armas para vencerlo, y que el Señor nos enseña en el Evangelio, son: oración, penitencia, vigilancia, sacramentos, sacramentales.
Tenemos que orar incesantemente, porque con la oración nos vienen todos los auxilios divinos y fluye la fuerza hacia nosotros. Jesús oraba en sus momentos más graves, y se preparó a su misión con cuarenta días de oración y ayuno, con oración y penitencia, y así venció al diablo por primera vez en las tentaciones del desierto.
El mundo moderno piensa que los demonios son un invento medieval, pero pronto los verá actuar en el mundo a cara descubierta y ahí sí que comprenderá, aunque ya será demasiado tarde.
Nosotros, en cambio, seamos sobrios y estemos en guardia, para no perder la corona que nos espera en el Cielo, si somos fieles a Dios y a sus Mandamientos.

¡Ave María purísima!
¡Sin pecado concebida!

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