orad para que no seais seducidos y confundidos por el hijo de la perdicion (Maria) dado a agustin del divino corazon

María Santísima dice: [size=16]
Hijos míos: María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os está formando para que os preparéis para el segundo advenimiento de mi Hijo Jesús. Os he dado un gran tesoro, un gran regalo divino: La Consagración a mi Inmaculado Corazón. Allí os dí distintas lecciones de Amor Santo. Lecciones que os forman como mis discípulos aventajados en el Saber Celestial. Lecciones que corren las cortinas de vuestros ojos y os dejan ver lo que otros no pueden ver. Lecciones que destapan vuestros oídos a mi voz, a mis mensajes, a mis llamamientos Maternales en este tiempo final. Allí en la Consagración a mi Inmaculado Corazón os preparo como soldados valerosos, soldados guerreros de mi Ejército Victorioso para que podáis batallar contra el adversario, seguros que no experimentaréis la derrota. Soy la Capitana de este gran Ejército y a todos vosotros, hijos míos, os guardaré en el refugio seguro de mi Inmaculado Corazón.
Atended a estos últimos llamamientos angustiosos porque la tierra pasará por una gran purificación (purificación por medio de una lluvia de fuego), de tal modo que las puertas y compuertas de la Nueva Jerusalén se abran.
Si os anuncio, si os prevengo de acontecimientos de gran magnitud para el mundo entero: os daré remedios, os daré elementos para que aprendáis a enfrentarlos, para que paséis por el fuego del sufrimiento, ilesos. Porque siempre os protegeré. Siempre os salvaguardaré, por ser el remanente fiel de la Iglesia; para no dejaros atraer ni seducir por falsas doctrinas, por filosofías llamativas y extrañas, por pensamientos heréticos y anatemas que no van en coherencia con las Sagradas Escrituras ni con el Magisterio de la Iglesia.
Por ser el Remanente fiel de la Iglesia, recibiréis la marca de la Cruz en la frente y en la mano. Por ser el Remanente fiel de la Iglesia recibiréis la gran protección de San Miguel Arcángel. Él os cubrirá bajo su capa celestial y os defenderá con su espada divina. Por ser el Remanente fiel de la Iglesia, Jesús, mi Hijo Amado os cubrirá con su Sangre Preciosa. Sangre Preciosa que será coraza, armadura celestial para que satanás no os hiera con su aguijón ponzoñoso. Sangre Preciosa que os revestirá de una fuerza sobrenatural, de tal modo que no os dejaréis vencer, ni amilanar en este tiempo de tribulación y de justicia.
Hijos míos: el tiempo de la tribulación y de la justicia es el tiempo que antecede al segundo advenimiento de mi Hijo Jesús; es el final de los tiempos que traen consigo purificación pero también liberación, porque pronto Jesús instaurará su reino de gloria en la tierra.
Pronto Jesús derrotará a satanás y sus secuaces, les enviará a las profundidades del infierno.
Pronto Jesús vendrá a juzgar a la humanidad bajo dos medidas: misericordia y justicia.
Pronto Jesús os pagará, os dará premio de gloria o condenación eterna.
Carísimos hijos: vosotros que sois sencillos, humildes y de corazón puro os llamo a la oración.
Oración que os dará fuerzas. Oración que os sustraerá del mundo de las tinieblas, del mundo de la oscuridad.
Oración que os arrancará de las garras del demonio;
demonio que quiere llevarse consigo infinidad de almas; demonio que os quita la vergüenza para pecar y os la devuelve para confesaros; demonio que cree haber ganado la victoria, demonio que cree haber triunfado, cuando muy pronto será destronado de su imperio de mentira, será bajado de su silla, porque él ha de ser debilitado, ha de ser subyugado, ha de ser vencido.
La oración es un remedio que entrego en vuestras manos, apóstoles de los últimos tiempos.
Si no oráis, pereceréis; os enfermaréis del espíritu; vuestro corazón se gangrenará por la lepra del pecado.
La oración os dará luz para que no caigáis en precipicios de oscuridad, para que no os dejéis arrebatar las Gracias y favores Divinos.
La oración os mantendrá firmes como soldados rasos de mi Ejército Victorioso, os avivará en el espíritu para que no os adormiléis, para que no caigáis en el sueño letargo.
La oración oxigenará vuestro corazón, corazón que palpitará con vehemencia, con ímpetu adhiriéndose al Corazón de Jesús y a mi Inmaculado Corazón.
La oración es un remedio para este final de los tiempos.
Orad en todo tiempo y en todo lugar.
Orad para que no seáis sorprendidos por el espíritu engañador.
Orad para que no seáis seducidos y confundidos por el hijo de la perdición, porque muy pronto la silla de San Pedro estará vacía y el usurpador tomará el puesto que no le corresponde.
Orad porque grandes pruebas os sobrevendrán. Os lo he repetido: los dolores de parto ya han dado inicio y el mundo entero pasará por el cedazo de la purificación.
Hijos míos: la oración os fortalecerá en los días aciagos,
en los días difíciles, cuando no sintáis la presencia del Señor, pero Él no os abandonará. Él no se separará de vosotros. Permanecerá a vuestro lado si sois fieles, si no os dejáis contagiar por la epidemia espiritual, epidemia que causará la muerte espiritual a muchos de mis hijos, porque muchos serán arrancados de la verdad; epidemia espiritual que os lleva a la pérdida de la fe.
Hijos amantísimos: tomad en vuestras manos el Santo Rosario y ofrecedme esta sencilla, esta, mi oración predilecta. El Rosario os atará a mi Inmaculado Corazón, os abrasaré con la llama de mi Amor Santo, os guardaré en el refugio de mi Inmaculado Corazón y el adversario no os podrá hacer daño, el adversario no podrá acercarse a vosotros porque él no soporta mi presencia, me teme, sabe que muy pronto descenderé del Cielo y con mi talón pisaré la cabeza de la serpiente. Sabe que muy pronto mi Inmaculado Corazón triunfará. Sabe que muy pronto el Sacratísimo Corazón de mi Hijo Jesús Reinará en todo el mundo.
El Santo Rosario es la oración que enceguece, ensordece, debilita a satanás.
El Santo Rosario es la oración que lleva al adversario y a sus secuaces a la desesperación, porque a través de mi oración predilecta los hombres llegan a la cima de la santidad; porque a través de mi oración predilecta los hombres dan fin, muerte, término al hombre terrenal. A través de mi oración predilecta los hombres empiezan a sentir repugnancia por el pecado y por las cosas del mundo, haciéndose más sensibles y más susceptibles a los Misterios Divinos.
El Santo Rosario, amados míos, os da fuerzas en la tentación, os da temple en la tribulación, os da luz en los
días de tiniebla, en los días de oscuridad porque gruesas capas de oscuridad, de nubarrones negros cubren la tierra. Es tanto el pecado, es tanta la maldad, es tanto el alejamiento de los hombres para con Dios, que satanás a creído ganar la guerra, ha creído haber derrotado mi Ejército Victorioso. Ejército que abrirá la Nueva Jerusalén.
Ejército que sacará al mundo de su aletargamiento, de su somnolencia haciéndole sentir el pronto regreso de Jesús.
El Santo Rosario os hace radiantes, luminosos, os hace puros. El Santo Rosario os hace esbeltos como los Santos Ángeles. El Santo Rosario aquieta vuestro corazón en la turbulencia, sosiega vuestro espíritu en la fuerte tempestad.
Hijitos míos: para las grandes pruebas, para los grandes sufrimientos, el Santo Rosario es medicina del Cielo, Gracia Divina que no os dejará tropezar ni caer, os levantará, os llevará a la meta, al Cielo prometido.
Las almas que rezan con el corazón, que unen sus tres potencias en una sola y contemplan los misterios del Santo Rosario, perfuman con el fragante nardo, con la rosa más exquisita y fina del Cielo los ambientes más lúgubres, los ambientes más sombríos.
Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a la práctica y devoción del Santo Rosario.
Soy vuestra Madre, soy vuestra Maestra que os pide la corona completa del Santo Rosario; cuerda con la que encadenaré y ataré a satanás en este final de los tiempos.
Os amo, os bendigo en este día de gracia. [/size][size=9]
A raíz del documento de Su Santidad Pablo VI, publicado el 15-9-1966 y
el Decreto de la Congregación por la Propagación de la Fe, A.A.S., N° 58/16

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