DESDE EL PURGATORIO NOS PUEDEN AYUDAR A INTERCERDER POR NOSOTROS

Más allá de la Muerte
Autor: P. Angel Peña O.A.R.

Capítulo 6: Reflexiones. Voto de ánimas. Olvido e Indiferencia

REFLEXIONES
Después de todo lo que hemos anotado sobre el purgatorio, podemos decir que el purgatorio no es una cárcel terrible en la cual el alma es prisionera de la venganza divina. NO. El purgatorio es una penosa purificación para hacer capaz al alma de gozar plenamente de la felicidad del paraíso ¿Quién podría decir que es cruel quitarle la pelusa del ojo a alguien para que pueda disfrutar de la belleza del paisaje? ¿Quién consideraría una crueldad el hacer tomar al enfermo de estómago una amarga medicina para que pueda disfrutar del banquete al que está invitado? El alma, en el purgatorio, es una alma enferma que necesita las medicinas de los sufragios, oraciones y misas para sanarse y ser feliz. En el purgatorio, debemos pagar hasta el más mínimo pecado y lavar la más mínima mancha. Por eso, no debemos dejar pasar fácilmente los pecados veniales, como si no tuvieran importancia. Todo pecado, hasta el más pequeño, es una imperfección y una falta de amor a Dios. Aquellos que dicen: “Con un rinconcito en el cielo me conformo”, no saben lo que dicen. Tendrán grandes padecimientos con vivísimos deseos de hacer las buenas obras que no hicieron y verán a muchas almas a quienes han privado de sus buenas acciones. Toda pereza y todo desinterés por mejorar se convertirá en el más allá en gran tormento del alma.

Santa Faustina Kowalska dice en su Diario: “Hoy he conocido interiormente en lo profundo de mi alma lo horrible y espantoso que es el pecado, aun el más pequeño. Preferiría padecer mil infiernos antes que cometer aún el más pequeño pecado venial” (15-3-1937). Veamos lo que le sucedió al Padre Stanislao Choscoa, dominico. Está documentado en la Historia de Polonia de Brovius, del año 1590.

Un día, mientras este santo religioso oraba por los difuntos, se le apareció un alma rodeada de fuego. Él le preguntó, si aquel fuego era más fuerte que el de la tierra. Y le respondió:
– Todo el fuego de la tierra comparado con el del purgatorio es como un aire fresco.
– ¿Podrías darme una prueba?
– Ningún mortal podría soportar la mínima parte de este fuego sin morir al instante. Si quieres hacer una prueba, extiende tu mano.

El religioso puso su mano y le cayó una gota del sudor o del líquido que parecía tal de aquella alma. Fue tan grande su dolor que dio un grito y cayó al suelo desmayado. Vinieron sus hermanos y trataron de asistirlo. Y él les contó lo que le había pasado, exhortando a sus hermanos a huir hasta del más pequeño pecado para no sufrir aquellas horribles penas.

Hay en Roma un museo célebre sobre las almas del purgatorio, que fue fundado en 1900 por el P. Victor Jouet, sacerdote del Sagrado Corazón, que también fundó la revista “El purgatorio”. En este museo se ofrece a los visitantes una serie de documentos auténticos con pruebas de la visita de estas almas a los vivos. En varios objetos, se puede ver las huellas del fuego sobre libros litúrgicos, sobre misales, tejidos y sobre objetos de piedad como crucifijos, etc. Lo cual nos confirma una vez más que en el purgatorio, al menos en ciertos niveles, hay fuego que puede quemar también las cosas de la tierra. ¿Cómo es este fuego, que quema el alma? Sólo Dios lo sabe, pero estas pruebas son suficientes para comprender lo grave que es “quemarse” eternamente en el infierno o los graves sufrimientos que deben pasar las almas, que padecen el “fuego” del purgatorio.

Oremos por las almas del purgatorio. Es una de las mejores obras de caridad que podemos hacer. Personalmente, cuando paso delante de un cementerio, siempre me acuerdo de orar por las almas benditas de ese lugar; y todos los días, en la misa, las encomiendo con especial interés. Lamentablemente, hoy día se está extendiendo la costumbre de la cremación de los cadáveres. Por supuesto que la Iglesia “permite la incineración, cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo” (Cat 2301). Sin embargo, creemos que sería mejor enterrar el cuerpo para tener un lugar de referencia y poder visitarlo y rezar más por él.

…..

Algo especialmente grave es no cumplir las obligaciones contraídas con los difuntos para celebrar misas por su alma y guardarse el dinero destinado para ello, al igual que sería muy grave guardarse el dinero destinado a medicinas para curar a un enfermo. Otro dato importante es que el dinero robado o mal empleado debe ser cancelado hasta en el purgatorio. Por eso, los hijos deberían pagar las deudas de sus padres o dar dinero para las misiones o para obras de candad, para cancelar así los pecados de sus padres en este sentido.
Veamos un caso ocurrido en Montefalco, Italia, del 2 de setiembre de 1918 al 9 de noviembre de 1919. Estas manifestaciones de un alma del purgatorio están confirmadas por algunas religiosas del convento y fueron confirmadas por Mons. Pietro Pacifici, obispo de Spoleto, en 1921. Las 28 manifestaciones tuvieron lugar en el convento de las Hnas. Clarisas del convento de San Leonardo de Montefalco. En ningún momento pudieron ver al alma purgante, pero se hacía presente al tomo para hablar brevemente y dejar una limosna, casi siempre de diez liras. Tocaba la campanita de la entrada para que bajara la abadesa, incluso cuando estaban cerradas todas las puertas de entrada al convento y a la Iglesia.

Solía decir: “Dejo aquí diez liras para oraciones”. Cuando le decían de parte de quién, respondía: “No me es permitido decirlo” El 3 de octubre de 1919 dijo claramente a la superiora: “Soy un alma purgante. Son cuarenta años que me encuentro en el purgatorio por haber disipado bienes eclesiásticos”. En otra oportunidad, dijo que era sacerdote.

En total, dejó 300 liras y le fueron celebradas 38 misas. El 9 de noviembre, al bajar la abadesa al sonido de la campana, le dijo: “Alabado sea Jesús y María. Le agradezco a Ud. y a la Comunidad, lo que han orado por m4 ya estoy libre de toda pena”. Y, a petición de la abadesa, le dio la bendición sacerdotal en latín.
El lugar, donde sucedieron estas manifestaciones, ha sido transformado en capilla, dedicada a orar por las almas del purgatorio y, especialmente, por los sacerdotes difuntos. Fue bendecida el 26 de febrero de 1924 y allí se ha erigido una confraternidad a favor de las almas del purgatorio.

En vista de todo esto, sería bueno pedir todos los días a nuestro Padre Dios la gracia de ir directamente al cielo y pedirle también paciencia y resignación para aceptar todos los sufrimientos que quiera enviarnos antes de morir, para pasar nuestro purgatorio aquí en vez de allá. Aprovechemos el tiempo para crecer en el amor.

Recordemos que nuestro cielo será tan grande como la medida de nuestro amor. Y la medida del amor debe ser el amor sin medida. No pongamos límites a nuestro amor a Dios y al prójimo. No nos cansemos de amar a Dios y a los demás. No nos cansemos de mirar a Jesús Eucaristía, pidiéndole que llene nuestro corazón de su amor. Pidamos a la “Madre del Amor Hermoso” (Edo 24,18), a María, que nos enseñe a amar.

De esta manera, en la medida en que amemos con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todo nuestro ser, nos sentiremos realizados como seres humanos, que cumplen fielmente su misión en este mundo. Hemos sido creados por amor y para amar. Sólo en el amor sincero y generoso encontraremos nuestra propia realización personal, el sentido de nuestra vida y el cumplimiento de todas nuestras esperanzas.

Ahora bien, no olvidemos que el tiempo de amar se agota día a día. Que el tiempo de vida es limitado, que no podemos perder el tiempo. El tiempo se va acabando y hay que aprovecharlo bien. Todavía estamos a tiempo para rectificar errores, todavía hay tiempo para amar, después podría ser demasiado tarde. Hagamos de nuestra vida un camino de amor, acumulando un tesoro que nos sirva para la vida eterna. Y recordemos siempre lo que decía la beata Isabel de la S. Trinidad: “En la tarde de la vida sólo queda el amor”.

VOTO DE ÁNIMAS

Puedes hacer, si lo deseas, el voto de ánimas en favor de las ánimas del purgatorio. El P. Dolindo Ruotolo, en su libro “Chi morr, vedr”, narra un hecho que le sucedió a él mismo para indicar la importancia de este voto. Dice así: “El año 1890 vino a mi casa el P. Salvatore De Filippis. Un sacerdote jesuíta que había sido maestro de matemáticas de mi padre, y nos habló del voto heróico o voto de ánimas por las almas del purgatorio, exhortándonos a hacerlo. Yo tenía ocho años, me emocioné y quise hacerlo, Pero,< ¿cómo hacerlo? Entonces, un día pedí a Jesús: “Deseo un libro que me explique como hacerlo yo y mi hermano “. Me dormí con esta petición. A la mañana siguiente, acompañé a mi madre a la misa y comunión como lo hacía ella todos los días. Yo todavía no había hecho la primera comunión. Era muy temprano en la mañana y llovía muy fuerte. Íbamos pegados a las paredes de las casas, cuando a la mitad del recorrido, veo una cosa blanca en el agua y la cojo para ver qué era. Eran dos libritos con el título.’ “Explicación del voto heroico por las almas del purgatorio “. Uno para mí y otro para mi hermano. Era algo extraordinario, una respuesta a mi oración. Aquel mismo día hice el voto por las almas benditas.

Tú puedes hacerlo con éstas o parecidas palabras: “Oh Padre celestial, en unión con los méritos de Jesús y de María, os ofrezco por las almas del purgatorio todas las obras satisfactorias de mi vida entera y todas las que por mí se ofrezcan después de mi muerte, y estas obras las deposito en las purísimas manos de María Inmaculada para que ella las aplique a las almas que, en su sabiduría y bondad maternal, quiera sacar del purgatorio. Dignaos, Dios mío, recibir y aceptar este ofrecimiento que hago por medio de María y dadme la gracia de morir en tu amor. Amén”

“El amor hace perfectas todas las cosas” (J. Agustin)

OLVIDO E INDIFERENCIA

Es muy triste para las almas del purgatorio que muchos de sus familiares a quienes tanto han querido y por quienes tanto se han sacrificado, no las recuerden con más frecuencia Y no las ayuden con más generosidad. En algunos lugares, tienen la costumbre de mandar celebrar una misa a los ocho días del fallecimiento, al mes y al año. Algunos quizás van también a ponerles unas flores el día de los difuntos y casi nada más. ¿Pero qué es esto para todo lo que necesitan? ¿No se dan cuenta las familias que tienen una obligación de justicia con sus seres queridos? ¿No saben que en el purgatorio se sufre mucho más de lo que se puede sufrir en esta vida? Quizás, cuando estaban enfermos, antes de morir, se desvivieron por atenderles y ahora ¿con cuatro misas se quedan satisfechos? Recordemos que la mayoría de las almas pueden estar en el purgatorio un promedio de cuarenta años. Por eso, debemos ser más cuidadosos y diligentes en ayudarlos.

No seamos mezquinos en mandar celebrar misas por ellos. Es preferible en esto “pecar” por exceso que por defecto. Hay que ser generosos.

Personalmente, considero que estaría bien una misa mensual (particular) durante los cinco primeros años. Y otras muchas comunitarias. También es importante acordamos de nuestros antepasados difuntos.

Normalmente, sólo nos acordamos de los padres o abuelos, pero ¿cuántos antepasados nuestros estarán todavía en el purgatorio? Algunos están en el purgatorio durante cientos de años, sobre todo, los que han estado metidos en ocultismo y brujerías. Ahora bien, pensemos en nuestros antepasados no cristianos de hace miles de años… ¿No merecen también una ayuda de nuestra parte, cuando Dios ha querido damos la vida a través de ellos? Por eso, podemos encargar algunas misas sencillamente por “los difuntos de la familia N.N.” sin especificar más. Vale la pena hacer algún sacrificio y dejar algunas cosas inútiles o supérfluas para tener lo suficiente para estas misas por nuestros familiares, que nos lo agradecerán eternamente. Cuanto antes lleguen al cielo, antes tendremos más y mejores intercesores ante Dios. Desde el purgatorio nos pueden ayudar e interceder por nosotros; pero, cuando estén en la plenitud de su amor en el cielo, lo podrán hacer más y mejor. Por eso, nuestro amor a los seres queridos debe permanecer fuerte y vivo más allá de la muerte.

“Es bueno y piadoso rezar por los difuntos para que sean liberados de sus pecados” (2.Mac 12,43)

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1 comentario

  1. soy catolico y le rezo a las animas del purgatorio

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